La palabra como constructora de mundos

La Orden Literaria Francisco de Quevedo me invitó a ser mantenedor de la última edición de su Certamen Poético. Me pareció, entonces, que se trataba de una magnífica ocasión para explicar mi visión -comprobada a lo largo de toda una vida trabajando con ellas- del poder y el alcance que tienen las palabras.

Podemos usar las palabras para construir el mundo. Y hacer que sea un hermoso mundo. O podemos empobrecerlo, usando mal las palabras. Podemos, incluso, llegar a destruirlo.

 

Cicerón decía que un buen orador es capaz de llevar al precipicio a una multitud. Pero también decía que un orador solo es tal si la limpieza de espíritu y su compromiso con la verdad sustentan sus discursos.

El misterio acerca de cómo surge el lenguaje tiene paralelismos con los mitos de la Creación en muy diversas culturas. Yo creo que el lenguaje surge para poder entender el Universo. Ambos se expanden pero, ¿experimentarán ambos una deceleración y volverán a comprimirse hasta volver a la nada, la oscuridad de la conciencia?

El lenguaje, en mi opinión, sí se está comprimiendo. Y empobreciendo.

Digamos palabras de construcción del mundo, ampliemos nuestro lenguaje. Cuidemos nuestra forma de hablar, en fondo y forma, pues no puede existir uno sin la otra.

Si cuidamos así, de manera completa, nuestras palabras, cuidaremos del mundo.